El Missionnaire y El Ángel Negro fueron los primeros en entrar en combate. Cuando estuvieron a distancia suficiente para que impactaran los cañones, Miguel hizo bocina con las manos y gritó pidiéndole al barco inglés que se rindiera. En medio de la infernal tormenta que los azotaba no tardó en llegar la respuesta del Eurípides: tres cañonazos simultáneos que estuvieron a punto de alcanzarlos. El agua salada salpicó la cubierta de El Ángel Negro, haciendo rugir las gargantas de sus hombres, prestos a entrar en combate. Echando la cabeza hacia atrás, el capitán De Torres frunció el cejo, preludio de violencia. Después dio orden de abrir fuego a discreción y sus cañones lanzaron una mortífera salva de salutación a los ingleses. Aunque había dado instrucciones precisas de respetar la nave, un hermoso barco cuyo hundimiento sería un desperdicio estúpido. Al mismo tiempo, el barco de Boullant se unía a la refriega y cuatro descargas más cercaron el rumbo del Eurípides. Entretanto, las naves de Depardier, Cangrejo y Barboza, cumplían con su cometido y tenían rodeados al San Jorge y al Spirit of sea, que se apresuraron a disparar, pero con escasa coordinación. Los capitanes ingleses se percataron inmediatamente de su inferioridad frente a las naves enemigas. Sus tres barcos, aunque bien dotados de armamento, difícilmente podrían repeler el ataque de una flota pirata. Que no se tratase de una sola nave sólo podía significar que estaba planeado. Enfrentarse con un barco bucanero ya era un peligro; con varios a la vez, una temeridad. El San Jorge fue el primero en izar bandera blanca. El segundo, el barco del capitán McKey. Aullidos de victoria se alzaron en las cubiertas de los piratas. Y Tarner, blasfemando como un condenado, no tuvo más remedio que imitar a los otros dos capitanes y mandar que izasen la bandera de rendición. No era la primera vez que se enfrentaba con aquel tipo de bárbaros y esperaba vivir para tomarse su revancha. Contempló con fijeza las dos banderas que ondeaban en los mástiles: la francesa y aquella otra que todo marino asociaba a sangre y crueldad: la calavera con las tibias cruzadas. – ¡Una puta bandera negra como el infierno! -rezongó. Ya en anteriores veces, aquel tipo de miserables había abordado su barco y requisado todas las mercancías, pero en esa ocasión lo sofocaba no haber tenido siquiera ocasión de defenderse. Sin embargo, debía pensar en su tripulación y, sobre todo, en las mujeres que ahora llevaba a bordo. Maldijo entre dientes su mala fortuna y se centró en la nave que se acercaba, ya sin precaución y dispuesta a abordarlos. Tampoco Miguel daba saltos de alegría. Aquellos pobres diablos apenas habían opuesto resistencia y él hubiera querido un enfrentamiento en toda regla. Habían izado demasiado pronto la puñetera bandera blanca y sus principios lo obligaron a dar la orden de alto el fuego. Sabía que en no pocas ocasiones se habían hundido naves en las que ondeaba trapo blanco, pero él tenía un código de honor, y éste mandaba que no se atacase a un enemigo que se rendía. Pero le enfurecía que le hubiesen estropeado la diversión. Hubiera deseado que los condenados ingleses enseñaran los dientes, para arrancárselos uno a uno. Librar al mundo de unos cuantos súbditos de su graciosa majestad lo motivaba. Inmerso en sus demonios personales no vio la maniobra del Missionnaire hasta que casi fue demasiado tarde. El jodido François intentaba llegar antes que él y ser el primero en abordar al Eurípides. Alentado por ese nuevo reto, saltó a la baranda de babor y le hizo un corte de mangas a Fran que, desde su nave, le devolvió el jocoso saludo. – ¡Señor Briset! -gritó a pleno pulmón. Al momento, Armand estaba a su lado-. ¡Boulant quiere ganarnos por la mano! Briset sonrió de oreja a oreja. – ¡Apuesto dos barriles de ron a que no lo consigue! Entre ambos, azuzaron a la tripulación para ser los primeros en abordar a los ingleses. Se trataba de un juego entre los dos capitanes. Hasta Armand llegaba la voz de barítono de su capitán abriéndose paso entre el rugir de la tormenta, que no los abandonaba: – ¡Cuatro barriles de ron negro si ganamos al Missionnaire, muchachos! Decenas de gargantas bramaron como respuesta y El Ángel Negro comenzó a deslizarse sobre las aguas a mayor velocidad. En el barco de Fran se oían también voces de ánimo y eso estimuló a Miguel. Sí, era un juego que le gustaba. Desde que se uniera a la flotilla de Boullant se habían retado muchas veces. La apuesta, sobrentendida, era siempre la misma: el perdedor corría con los gastos de una noche de orgía en el primer puerto en el que atracaran, fueran cuantas fuesen las mujeres. Fran había ganado en cuatro ocasiones y él en tres, de modo que ahora tenía en sus manos la revancha. Arracimadas en un rincón del camarote, a bordo del Eurípides, Kelly, Virginia y Lidia intercambiaron miradas llenas de miedo mientras la señora Clery continuaba con sus rezos y lloriqueos. Apenas se oía ya el clamor de la batalla salvo algunos cañonazos lejanos y el propio ajetreo del barco en el que viajaban. Y todas ellas pensaban que si las andanadas se habían silenciado con tanta rapidez, era porque alguien se habría rendido. Y, por lo que sabían, eso rara vez lo hacían los piratas. Kelly se preguntó qué demonios estaría pasando allá arriba, en cubierta. En realidad, hubiera preferido encontrarse fuera en lugar de confinada en aquel cuarto, a la espera de acontecimientos. Nunca le gustó quedarse al margen, porque desde muy pequeña había enfrentado sus miedos. Sopesó la pistola en su mano para darse ánimos. Desconocer lo que se fraguaba sin su conocimiento la mataba de angustia. Resultaba mucho peor que participar en una batalla; allí, al menos, sabría a lo que se enfrentaba. – Si hubiera nacido varón… -murmuró entre dientes. – Ya te habrían matado, por terca -le contestó Virginia. Miguel ganó aquella mano y los garfios de El Ángel Negro fueron los primeros en alcanzar la cubierta del Eurípides. Los piratas, victoriosos, abordaron el barco inglés dando alaridos y lo ocuparon en medio de la torrencial lluvia. Miguel dio las órdenes oportunas para que se mantuviera la calma, puesto que los ingleses se habían rendido sin oponer resistencia. Tomarían para sí todo lo que transportaran de valor y se marcharían, como en otras ocasiones. Un sujeto alto se destacó entre la tripulación inglesa para acercársele mientras los hombres de De Torres instaban a los vencidos a bajar a las bodegas, donde quedarían confinados hasta que finalizara el saqueo. Desenfundó su sable y se lo tendió por la empuñadura. Miguel lo aceptó y lo admiró complacido: era una arma perfecta y bien trabajada. Luego, con la magnanimidad del vencedor, se la devolvió. – Soy el capitán George Tarner -se presentó-. Mi nave está en sus manos. Ruego por la vida de mi tripulación, señor, que espero sea respetada, aunque sé que no trato con caballeros -le dijo el inglés. Miguel le dedicó una fría mirada. Si aquel petimetre supiera las ganas que tenía de verter sangre inglesa, no lo escarnecería con tanta ligereza. De todos modos, respondió: – Tiene mi palabra, capitán. Y ahora, por favor, baje a las bodegas con sus hombres. Nosotros nos encargaremos, con mucho gusto, de aligerar su carga. Tarner se tensó y se encaminó junto a sus hombres, pero en cuanto dio dos pasos, se volvió hacia Miguel y se encaró a él. Contempló con descaro al demonio vestido de negro y entrecerró los ojos al ver el aro de oro en su oreja. Por un instante, dudó, porque a pesar de su indumentaria, de que estaban empapados todos ellos hasta los huesos y de la rivalidad que los separaba, le dio la impresión de encontrarse ante un hombre con educación y no ante un filibustero. – Si nos encontramos en otro momento y en otras circunstancias… -susurró-, tenga por seguro que no olvidaré su cara. Miguel echó la cabeza hacia atrás y no dudó en dar su respuesta: – Espero que así sea, capitán Tarner. Ahora no es el momento, pero le aseguro que tendré mucho gusto en batirme con usted en otra ocasión… si nuestros caminos vuelven a cruzarse. Ensartar a ingleses en la punta de mi sable es mi juego favorito. Tarner encajó la pulla. Después, lo empujaron hacia la trampilla y no se resistió, aunque la cólera lo carcomía. Pensar que aquellas sabandijas lo habían vencido sin lucha y que ahora se disponían a saquear su nave era más de lo que podía soportar. Pero primaba la vida de su tripulación y, sobre todo, de las mujeres que iban a bordo. Rezó fervientemente para que ellas se hubieran escondido bien y no las encontraran. No podía prever el destino de las damas si aquella horda de aventureros daba con ellas. La tripulación del Missionnaire se unió a la de Miguel y el pillaje comenzó de inmediato. Fran, rumiando su pequeña derrota, se le acercó a largas zancadas. Tras él, su siempre inseparable Pierre. – ¡Maldito hijo del demonio! -masculló el francés-. ¡Espero que no me salga demasiado cara la apuesta esta vez! – No estés tan seguro -se rió el español. – Has tenido suerte con ese golpe de viento, bastardo. – ¡Vamos, Fran! Mi tripulación es mejor que la tuya, reconócelo. Sólo eso. Además, les ha ofrecido unos cuantos barriles de ron y ya sabes que eso hace milagros. Boullant asintió sonriente, le palmeó los hombros y se dirigieron al castillo de proa para supervisar el trabajo. Mientras los muchachos se encargaban de sacar cofres y baúles de las bodegas, en las otras dos naves se llevaba a cabo una tarea similar y el San Jorge y el Spirit of sea comenzaban a ser desvalijados. Miguel y François asistían complacidos al traslado a sus respectivos barcos de la valiosa mercancía. Madera, sacos de especias, café, cacao y unas cuantas arcas cargadas de oro y plata. – Parece que nuestro informante tenía noticias de primera mano -comentó Boullant-. Este cargamento vale una fortuna. – ¿Qué porcentaje pidió ese confidente? – Bastante alto, pero como ves, mon ami, va a merecer la pena. A pesar de que el cargamento era realmente considerable y valiosa, parecía existir cierto malestar entre los hombres, que hubieran preferido conseguirla mediante la lucha. Sin embargo, ninguno se propasó con la tripulación vencida y cumplieron a rajatabla las órdenes de sus capitanes en cuanto a respetar la vida de los ingleses. Al menos en el Eurípides, pues Miguel no tenía plena confianza en que en las otras naves se hubiera obrado igual. Como Pierre, no acababa de fiarse del condenado Depardier. Trató de alejar sus dudas. ¿Qué le importaba a él si aquel desalmado acababa con toda la tripulación? Tenía cosas más importantes de las que preocuparse. Hacerse con el cargamento del Eurípides les llevó su tiempo. La incesante lluvia continuaba cayendo y dificultaba el traslado. – Me vuelvo al El Ángel Negro -avisó a su compañero de armas. – De acuerdo. Yo supervisaré el transporte de las mercancías. A caballo sobre la balaustrada y con el cabo enredado en el brazo, Miguel advirtió que algunos hombres se acercaban y parecían tener dificultades con la carga que llevaban al hombro. ¡Mujeres! Blasfemó para sí y soltó el cabo, saltando de nuevo a cubierta. ¡Por todos los infiernos, aquello iba a causarles dificultades! Kelly, bamboleándose sobre el hombro huesudo del tipo que la cargaba como si de un saco de maíz se tratara, se revolvió y consiguió agarrarle del aceitoso y largo cabello, del que tiró con todas sus fuerzas. El fulano se frenó, se ladeó y la dejó caer sobre la empapada cubierta sin miramiento alguno. Ella se golpeó en la caída y gritó, pero giró sobre sí misma y se puso de rodillas para incorporarse. No llegó a hacerlo. Se quedó helada al verse rodeada de tipos mugrientos que no le quitaban ojo. Trató de pensar con celeridad. De nada había servido parapetarse tras los muebles que atrancaban la puerta del camarote, porque aquellos desalmados la habían echado abajo y entrado por la fuerza. Ellas se habían defendido, ¡por descontado que lo habían hecho! Y, de resultas de la corta y desigual pelea que se llevó a cabo, un par de filibusteros fueron alcanzados, aunque con heridas superficiales. Las redujeron con tanta rapidez que aún rabiaba. Luego se las echaron al hombro y subieron con ellas a cubierta entre risotadas, palabras soeces y más de un manoseo. Temblaba, sabiéndose a merced de semejante gentuza. Los hombres iban aproximándose con la lujuria pintada en sus caras. Mirando a todos lados como una corza a punto de ser devorada, se dio cuenta de que no veía a nadie de la tripulación y un sollozo le subió a la garganta. ¿Los habrían matado a todos y arrojado al mar? La borda estaba cerca y a ella ni se le pasó por la cabeza darse por vencida. Era una locura, pero no pensaba quedarse allí y dejar que sus manos asquerosas la violentaran. El tipo que la había capturado se rascaba la cabeza, allí donde ella le había dado el tirón. Sonreía como un maldito y empezó a acercarse, animado por las carcajadas y las voces de sus compañeros. El sonido se mezclaba con el rugir del mar y el trueno que descargó en la distancia. «Música de muerte», pensó Kelly. Retrocedió. La cortina de lluvia apenas la dejaba ver, el cabello le caía sobre el rostro en greñas empapadas y el vestido, chorreando agua, le pesaba tanto que le impedía moverse con soltura. Apretó los dientes para sofocar su miedo ante las intenciones de aquel sujeto que, ahora, adelantaba ambas manos hacia ella. Plantó los pies en cubierta y esperó con el alma en vilo. Y cuando lo tuvo lo bastante cerca, le soltó una patada. Se oyó un alarido y Kelly se felicitó mentalmente, sabiendo que le había alcanzado donde deseaba. Como una demente, se volvió y corrió hacia la borda. Prefería mil veces hundirse en el mar que ser violada por una horda de desharrapados. Pero algo se interpuso en su camino. Chocó, se tambaleó y estuvo a punto de caer de espaldas. Unos brazos de hierro la sujetaron y ella enloqueció. Se revolvió, soltó puñetazos, patadas… y gritó con todas sus fuerzas. Pero cada vez se estrellaba contra una pared que la retenía y, después de un corto forcejeo, se le agotaron las fuerzas y se quedó desmadejada. Entonces sí. Entonces estalló en un llanto histérico ante la realidad de aquel peligro inminente y sin escapatoria. Y oyó una voz que parecía regresar de la tumba. – Los tiburones no son mejores que nosotros, señora. Paralizada por el pánico que la oprimía sin remedio, Kelly apenas reaccionó, pero el corazón le comenzó a bombear de forma dolorosa, no podía respirar y temblaba como una hoja. ¡Aquella voz! ¡Aquella voz! ¡No podía ser cierto! A su alrededor, el jolgorio de la turba asaltante espoleaba su orgullo malherido, pero ella se encontraba varada ante aquel pecho granítico que seguía reteniéndola y se sacudía con la risa. Levantó la cabeza. Y sus ojos se toparon con dos lagos verde esmeralda que hicieron que le diera un vuelco el corazón. Porque su temor cobraba vida, no se había confundido. Ante ella, más avasallador y atractivo que nunca, chorreando agua y fundido con la oscuridad con su vestimenta negra, estaba el hombre que le había quitado el sueño desde que lo conoció. Enderezó el cuerpo y con voz como un latigazo, dijo: – Suéltame de inmediato, Miguel. Él se quedó petrificado. Sus músculos se tensaron y se aferró con más fuerza a aquel cuerpo femenino que volvía como una ensoñación. No podía apartar la mirada de ella. Aquel rostro, aquellos ojos azul zafiro lo lanzaban de cabeza a la locura. ¿Cuántas veces había soñado con tenerla? ¿Cuántas noches había pasado en vela, recordando sus besos? Todas y cada una de las mujeres que había habido en su vida desde que escapó de Port Royal y se unió a la flota pirata de Boullant se perdieron en la nada. ¿Qué habían significado sino un mero entretenimiento, un simple desahogo? Ninguna de ellas anidó en su corazón, porque éste se lo había robado una inglesa a la que odiaba. ¡Y ahora la tenía allí mismo! – ¡Eh, capitán! -reclamó el fulano que había sacado a Kelly del camarote-. ¡Yo he atrapado a la hembra! Hizo un amago de acercarse y llevársela, pero bastó la actitud de Miguel para disuadirlo. Kelly quiso aprovecharse del momento y se revolvió entre sus brazos, pero sólo consiguió que él hiciera más presión sobre su cuerpo y que una mano masculina la sujetara del cabello, echándole la cabeza hacia atrás. Y ella tembló al mirarlo, porque en los labios distendidos de Miguel vio una sonrisa posesiva y presintió que su destino iba a ser peor de lo que imaginaba. Una voz engañosamente suave le susurró: – Volvemos a encontrarnos, miss Colbert. | “Миссионер” и “Черный Ангел” первыми вступили в бой. Когда они подошли к неприятельскому кораблю на расстояние пушечного выстрела, Мигель просигналил руками и крикнул, чтобы англичане сдавались. Под аккомпанемент адской бури и хлещущего, как из ведра, дождя с “Еврипида” не замедлил прийти ответ: три одновременных залпа, которые едва не достигли цели. Соленая вода забрызгала палубу “Черного Ангела”, и глотки пиратов, готовых вступить в бой, издали дружный рык. Капитан де Торрес откинул голову назад и сурово нахмурился, что являлось первым признаком гнева. Затем он приказал дать одиночный залп, и его пушки послали смертоносный привет англичанам, хотя он четко велел поберечь корабль, поскольку пустить его ко дну было бы глупой расточительностью. В это время фрегат Бульяна присоединился к бою, и еще четыре залпа вспенили воду вокруг “Еврипида”. Между тем корабли Депардье, “Краба” и Барбосы выполняли свои задачи, окружив “Святого Георгия” и “Духа моря”, которые поспешно и беспорядочно отстреливались, впрочем, безо всякого успеха. Английские капитаны тут же заметили преимущество вражеских фрегатов. Три их корабля, хоть и хорошо вооруженные, с трудом могли отразить нападение пиратов, а поскольку речь шла не об одном корабле, это могло означать, что нападение было спланировано заранее. Оказывать сопротивление одному пиратскому судну было само по себе рискованным делом, а уж нескольким сразу – просто безрассудным. “Святой Георгий” первым поднял белый флаг, вторым был корабль Мак-Кея. На палубах пиратских кораблей раздались победные вопли, и Тернеру не оставалось ничего другого, как последовать примеру двух первых капитанов, приказать поднять белый флаг и сдаться. Не в первый раз он сталкивался с подобными дикарями и надеялся остаться в живых, чтобы впоследствии поквитаться. Он, не отрываясь, смотрел на два развевающихся на мачтах флага: один был французский, а другой, череп со скрещенными костями, любой моряк связывал с кровью и жестокостью. - Чертов флаг, черный, как сама преисподняя! – проворчал Тернер. В предыдущие налеты эти мерзавцы брали его корабль на абордаж и забирали весь товар, но в этом случае его угнетало то обстоятельство, что он не имел возможности защищаться. И все же ему следовало подумать об экипаже и, особенно, о женщинах, которые плыли на борту его корабля. Проклиная сквозь зубы свою судьбу и невезение, Тернер внимательно смотрел на спокойно приближающийся корабль, готовый к абордажу. … Мигель тоже не прыгал от радости. Эти несчастные дьяволы почти не сопротивлялись, а он жаждал боя по всем правилам. Англичане слишком быстро подняли этот чертов белый флаг, а его принципы обязывали отдать приказ о прекращении огня. Мигель знал, что зачастую корабли, на которых развевалось белое полотнище, все равно топили, но у него был свой кодекс чести, повелевавший не атаковать сдавшегося врага, хотя его до крайности бесило, что развлечение сорвалось. Он жаждал всей душой, чтобы проклятые англичане показали зубы, чтобы выдрать их один за другим. Его так и подмывало избавить мир от нескольких подданных Его Английского Величества. Погруженный в свои дьявольские искушения, Мигель не замечал маневра “Миссионера”, пока едва не стало слишком поздно. Проклятый Франсуа пытался опередить его, и первым взять на абордаж “Еврипида”. Подстегнутый этим вызовом, Мигель вскочил на планшир и показал Франсуа кукиш. Тот не остался в долгу и отвесил в ответ шутовской поклон. - Месье Бризе! – гаркнул Мигель со всей мочи, и буквально через секунду Арман уже был возле него. – Бульян хочет опередить нас! - Ставлю два бочонка рома, что ему не удастся обойти нас! – осклабился Бризе. И Мигель, и Франсуа подбадривали людей, призывая первыми взять англичан на абордаж. Речь шла о состязании двух капитанов. До Армана доносился звучный баритон Мигеля, пробивающийся сквозь не покидающий их штормовой рокот: - Четыре бочонка черного рома, парни, если мы обставим “Миссионера”! Рев нескольких дюжин глоток послужил ответом, и “Черный Ангел” заскользил по волнам на всех парусах. На корабле Франсуа тоже слышались подбадривающие голоса, и это подстегивало Мигеля. Ведь в этой игре пока побеждал Франсуа. С тех пор, как Мигель присоединился к флотилии Бульяна, они частенько соревновались. Ставка всегда была одна и та же: в первом же порту, где они вставали на причал, проигравший одну ночь оплачивал выпивку и женщин. В четырех случаях выигрывал Франсуа, трижды побеждал Мигель, и сейчас он мог отыграться... … Сбившись в кучку в углу каюты на борту “Еврипида”, Келли, Вирхиния и Лидия бросали друг на друга испуганные взгляды, а мисс Клери продолжала молиться и рыдать. В каюте грохот боя был уже почти не слышен, за исключением нескольких далеких пушечных залпов да суеты и беготни на самом “Еврипиде”. Все они думали, раз корабельные пушки так быстро замолчали, значит, кто-то уже сдался, но, насколько им было известно, пираты редко сдавались. Келли спрашивала себя, что же происходило там наверху. На самом деле она предпочла бы оказаться на палубе, а не запертой в этой каюте в ожидании дальнейших событий. Келли никогда не любила оставаться в стороне, потому что с самого детства боролась со своими страхами. Чтобы хоть как-то подбодриться, девушка прикинула на руке пистолет. Умирать от страха, не зная, что происходит, было для нее хуже, чем принимать участие в бою. Там, она, по крайней мере, знала бы, с чем столкнулась. - Эх, родись я мужчиной... – пробормотала она сквозь зубы. - Тебя уже убили бы из-за твоего упрямства и строптивости, – ответила Вирхиния... … Эту партию Мигель выиграл – абордажные крючья “Черного Ангела” первыми дотянулись до борта “Еврипида”. Торжествующие пираты с победным кличем под проливным дождем атаковали английский корабль и захватили его. Мигель приказал своей команде не бесчинствовать на борту, поскольку англичане сдались без сопротивления. Как и в других случаях, он велел забрать все ценное, что везлось на корабле, и уплывать. Какой-то высокий англичанин отделился от своей команды и подошел к Мигелю, пока люди де Торреса приказывали побежденным матросам спуститься в трюмы и оставаться там до конца грабежа. Англичанин вытащил саблю из ножен и протянул ее Мигелю эфесом вперед. Мигель взял саблю и восхитился чудесным клинком, изготовленным на совесть, а затем с великодушием победителя вернул ее владельцу. - Я капитан Джордж Тернер, – представился англичанин. – Мой корабль в Ваших руках, и я прошу Вас сохранить жизнь моим людям. Надеюсь, вы уважите мою просьбу, хотя и понимаю, что обращаюсь не к дворянам, – добавил он. Мигель смерил его холодным взглядом. Если бы этот хлыщ знал, как хочется ему, Мигелю, пролить английскую кровь, он не глумился бы над ним с такой легкостью. Но, как бы то ни было, Мигель ответил: - Даю Вам слово, капитан, а теперь, будьте добры спуститься в трюм вместе с Вашими людьми. Мы с большим удовольствием облегчим вашу ношу. Тернер напрягся, но пошел вместе со своим экипажем, однако, сделав два шага, остановился и повернулся к Мигелю лицом. Англичанин беззастенчиво разглядывал демона в черном одеянии и прищурился, увидев в ухе золотую серьгу. С минуту Тернер колебался. Несмотря на промокшую насквозь одежду и разделявшую их враждебность, у него создалось впечатление, что перед ним стоит не флибустьер, а человек образованный и воспитанный. - Если когда-нибудь мы встретимся с Вами при других обстоятельствах... – тихо произнес он, наконец, – будьте уверены, что я не забуду Вашего лица. - Надеюсь, что так оно и будет, капитан Тернер, – отчеканил Мигель, гордо откинув голову назад. – Сейчас не время, но, уверяю Вас, мне бы очень хотелось при случае сразиться с Вами... если наши дороги снова пересекутся. Насаживать англичан на кончик шпаги – моя любимая игра. Тернер отпустил ехидную колкость, а потом его подтолкнули к люку. Он не сопротивлялся, хотя его разъедал гнев. Мысль о том, что эти гады одолели его без борьбы, а теперь собираются грабить его корабль, была невыносима, но жизнь экипажа и, в особенности, жизнь женщин, находившихся на борту, была важнее. Тернер горячо молился, чтобы дамы хорошенько спрятались, и пираты их не нашли. Он не мог предугадать судьбу женщин, если эта шайка проходимцев найдет их. Экипаж “Миссионера” присоединился к команде Мигеля, и тут же начался грабеж. Франсуа широкими шагами подошел к Мигелю и тихо проворчал что-то себе под нос, признавая поражение. Неразлучный со своим капитаном Пьер подошел следом. - Пропади ты пропадом, чертов сын! – пробурчал француз. – Надеюсь, этот проигрыш обойдется мне не слишком дорого! - Не будь так уверен, – расхохотался в ответ испанец. - Тебе повезло со шквалистым ветром, поганец, он был попутным. - Брось, Франсуа, признай, что моя команда лучше твоей, и только! К тому же, им было предложено несколько бочонков рома, а ты ведь знаешь, ром творит чудеса. Бульян ухмыльнулся, хлопнул Мигеля по плечу, и они направились на бак, чтобы присмотреть за работой. Пока парни Мигеля и Бульяна вытаскивали из трюма “Еврипида” рундуки и баулы, на двух других кораблях происходило то же самое. “Святой Георгий” и “Дух моря” тоже подвергались грабежу. Довольные Мигель и Франсуа помогали пиратам перетаскивать на свои корабли ценные товары: древесину, мешки с пряностями, кофе, какао, сундуки, груженые золотом и серебром. - Похоже, наш осведомитель получил новости из первых рук, – радостно сказал Бульян. – Этот груз стоит целое состояние. - Какой куш попросил этот наш дружок? - Весьма солидный, но, как видишь, он того стоит. Несмотря на то, что груз, и в самом деле, был весомым и ценным, чувствовалось, что люди были не совсем довольны. Им нравилось завоевывать добычу в бою, и все же ни один из них и пальцем не тронул экипаж поверженных врагов, строго выполняя приказы капитанов относительно жизни англичан, по крайней мере, на “Еврипиде”. Относительно других кораблей у Мигеля не было в том полной уверенности, да и Пьер тоже не доверял проклятому Депардье. Де Торрес старался отбросить подальше свои сомнения. Какая ему разница, если этот негодяй прикончит всю команду? Ему и так найдется о чем побеспокоиться, есть вещи поважнее. Погрузка товаров с “Еврипида” отнимала все время. Дождь все не прекращался; он лил и лил, как из ведра, мешая переносить груз. - Я возвращаюсь на “Ангела”, – доложил Мигель своему соратнику. - Хорошо, я присмотрю за перевозкой товара. Сидя верхом на планшире с мотком веревки в руке, Мигель заметил нескольких приближавшихся к нему мужчин. Они тащили на плече какой-то груз, и, похоже, им было нелегко. Женщины! Крепко выругавшись про себя и отбросив в сторону веревку, Мигель снова спрыгнул на палубу. Женщины сулили неприятности, а на кой черт ему эти проблемы! Келли била кулачком по костлявому плечу типа, который небрежно взвалил ее себе на плечо, словно она была мешком маиса, но вот, наконец, ей удалось перевернуться. Келли вцепилась в длинные, сальные волосы пирата и изо всех сил дернула их. Пират остановился, нагнулся и, не глядя, стряхнул ее с плеча на сырую палубу. Ударившись о палубу, Келли закричала, и тут же повернулась и встала на колени, чтобы подняться, но оцепенела, увидев вокруг себя каких-то грязных типов, не сводивших с нее глаз. Она постаралась думать быстрее. Им не удалось укрыться за мебелью, которой они подпирали дверь каюты, потому что эти негодяи разрушили преграду и ворвались силой. Конечно, они защищались, и ранили двух флибустьеров, пусть и легко, но силы были неравны. Их быстро усмирили, хоть Келли и продолжала беситься. Потом пираты взвалили их на плечо, и поднялись с ними на палубу, хохоча, матерясь и давая волю рукам. Келли дрожала от страха, зная подобного сорта людишек. Они медленно приближались к ней, и их похотливые рожи со всей определенностью отражали намерения этого отребья. Келли затравленно озиралась, как косуля, на которую вот-вот набросится стая голодных волков. К ее горлу подступали рыдания, потому что поблизости не было видно ни одного из моряков. Неужели их всех убили и бросили в море? Девушке даже не пришло в голову сдаться, ведь борт судна был совсем рядом. Пусть это было безумием, но она и не подумает остаться здесь. Она не позволит лапать себя этим мерзким, грязным рукам. Тип, схвативший ее, почесывал голову в том месте, за которое она его дернула. Мерзко ухмыльнувшись, он начал подходить к ней, подбадриваемый возгласами и хохотом своих приятелей. Эти звуки смешивались с рокотом моря и далекими выстрелами. “Музыка смерти”, – подумала Келли и попятилась назад. Пелена дождя едва позволяла различить что-либо; мокрые волосы слипшимися космами свисали на лицо; тяжелая, промокшая одежда, с которой ручьями текла вода, мешала свободно двигаться. Келли стиснула зубы, чтобы подавить страх, вызванный грязными намерениями этого скота, что сейчас тянул к ней обе руки. Девушка стояла на палубе, как вкопанная, но ее душа пребывала в смятении. Когда пират подошел к Келли достаточно близко, она со всей силы ударила его ногой. Послышался громкий, болезненный вопль, и Келли мысленно поздравила себя, поняв, что попала туда, куда хотела. Она повернулась, и как полоумная побежала к борту. Она предпочитала тысячу раз утонуть в морской пучине, чем быть изнасилованной толпой голодранцев. Неожиданно кто-то встал на ее пути. Столкнувшись с этим самым кем-то, Келли пошатнулась и едва не упала снова. Железные руки подхватили ее, и она обезумела. Она снова и снова бросалась вперед, нанося удары руками и ногами, кричала изо всех сил, но каждый раз натыкалась на непробиваемую стену, которая останавливала ее. После недолгой борьбы силы девушки иссякли. Келли безумно устала, и истерично разрыдалась, сознавая неизбежную, грозящую ей опасность, и не имея возможности сбежать. И тут она услышала голос, который, казалось, вернул ее из могилы. - Акулы не лучше нас, мисс. Келли застыла от неумолимо сдавившего ее страха; она была не в силах сдвинуться с места, но ее сердце принялось болезненно биться в груди. Девушка не могла дышать и лишь дрожала, как осиновый лист. Этот голос! В это нельзя поверить! Стоя в окружении бушующей толпы орущих разухабистых грабителей, Келли пришпоривала свою уязвленную гордость, но та оставалась бесчувственной перед гранитной грудью, которая тряслась от смеха, продолжая задерживать ее. Келли подняла голову, и ее глаза встретились с двумя изумрудно-зелеными озерами, заставившими сердце девушки екнуть, потому что ее страх не испарился, а приобрел новую жизнь. Перед ней стоял вымокший до костей мужчина в черной одежде, сливающейся с темнотой. Этот мужчина лишил ее сна с того момента, как она его узнала, а теперь он притягивал ее, как никогда, подчиняя своей власти. Келли выпрямилась и резким, как щелчок кнута, голосом сказала: - Освободи меня немедленно, Мигель. Мигель и ухом не повел. Его мышцы напряглись, и он лишь крепче сжал девичье тело, которое вернулось к нему, как сон. Он не мог выдержать взгляд Келли. Ее лицо, ее голубые, как сапфир, глаза сводили Мигеля с ума, лишая разума. Сколько раз он мечтал обладать ею? Сколько бессонных ночей провел, вспоминая ее поцелуи? Сколько женщин было у него с тех пор, как он сбежал из Порт-Ройала и присоединился к пиратской флотилии Бульяна, но все они затерялись где-то, исчезли в никуда. Что значили они для него, кроме забавы? Да так, ничего, простое развлечение. Ни одна из них не поселилась в его сердце, потому что его украла англичанка, которую он ненавидел. Исейчасонастоялапередним! - Эй, капитан! – крикнул пират, вытащивший Келли из каюты. – Это я схватил девчонку! Он сделал, было, шаг, чтобы подойти к Келли и увести ее с собой, но одного движения Мигеля было достаточно, чтобы остудить его. Келли хотела воспользоваться моментом и вывернуться из рук Мигеля, но добилась только того, что он еще крепче прижал ее к себе, схватил рукой за волосы и откинул ее голову назад. Келли взглянула на Мигеля и задрожала, потому что увидела на его губах властную улыбку и почувствовала, что ее судьба будет хуже, чем она представляла. - Вот мы и встретились снова, мисс Колберт, – вкрадчиво прошептал ласковый голос. alto de fuego – прекращение огня или любых других военных действий |