Capítulos de No sonrías que me enamoro 1 / 2 / 3 / 4 / 5 / 6 / 7 / 8 / 9 / 10 / 11 / 12 / 13 / 14 / 15 / 16 / 17 / 18 / 19 / 20 / 21 / 22 / 23 / 24 / 25 / 26 / 27 / 28 / 29 / 30 / 31 / 32 / 33 / 34 / 35 / 36 / 37 / 38 / 39 / 40 / 41 / 42 / 43 / 44 / 45 / 46 / 47 / 48 / 49 / 50 / 51 / 52 / 53 / 54 / 55 / 56 / 57 / 58 / 59 / 60 / 61 / 62 / 63 / 64 / 65 / 66 / 67

Francisco de Paula Fernández - No sonrías que me enamoro - XLVII

buenos dias princesaГлава 47. Суббота

 

Aparca el coche a unos cincuenta metros de la cafetería Constanza, en doble fila y con el intermitente puesto. Antes han pasado por casa de Valeria para recoger los apuntes de Filosofía para Bruno. Pese a que la chica ha insistido en que no lo hiciera, Marcos ha querido llevarla hasta allí.

 

—Como comprenderás, no voy a salir así a saludar a tu madre —comenta el joven, jocoso, mientras señala sus bóxeres largos de rayas azules.

 

Ella no quiere ni mirar. Todavía no se ha librado de la sensación de incomodidad que le produce viajar al lado de un chico en ropa interior. En cualquier caso, debe admitir que, en su conjunto, ese día será inolvidable.

 

—Tranquilo, ya la saludo yo de tu parte.

 

—Gracias. Dile a Mara que más tarde le escribiré un privado en Twitter para contarle cómo nos ha ido.

 

—Se lo diré.

 

Que aquellos dos se lleven tan bien no le hace demasiada gracia. Pero Val tampoco tiene argumentos sólidos para impedir que sean amigos, así que lo mejor es no hacer nada, que ya ha metido suficientemente la pata por ese día. Ya se cansarán de aquel jueguecito.

 

—Trataré de tener las fotos lo antes posible. Esta noche o mañana.

 

—No te preocupes, no hay prisa.

 

—Yo sí la tengo. Estoy deseando ver lo que ha salido. Creo que... creo que... que...

 

Y estornuda. Dos, tres veces. Valeria suspira. Todo es culpa suya. Sólo espera que Marcos no se constipe y no tenga problemas para presentar su programa de radio la semana siguiente.

 

—Lo que tienes que hacer es no salir de casa estos días y cuidarte. Descansa mucho en la cama, bien tapadito.

 

—También lo haré. Pero intentaré venir mañana a traerte las fotos. Ya verás lo bien que has salido.

 

—Luego soy yo la cabezota...

 

—Ellos se hacen y el destino los junta.

 

—Ese refrán no existe.

 

—Claro que sí, lo he inventado yo.

 

Valeria niega con la cabeza y abre la puerta del Fiat500. Marcos estornuda otra vez. ¡En buena hora eligió las barquitas como escenario para las fotos!

 

—Hasta mañana, muchas gracias por todo y... lo siento.

 

—Lo que siento yo es tener que despedirme de ti.

 

—No seas empalagoso —protesta la chica nuevamente acalorada—. Guárdate las frases bonitas para los oyentes.

 

—Hay para todos. Hasta mañana, Val.

 

Le dice adiós con una sonrisa y arranca el coche. Se va alejando poco a poco, no sin antes tocar el claxon un par de veces para despedirse.

 

—Ellos se hacen y el destino los junta —recita en voz baja Valeria—. Que lo ha inventado él. ¡Ja! Qué cara más dura.

 

Sonriendo, entra en la cafetería en la que, por lo que comprueba inmediatamente, no está su madre. Tampoco la ha encontrado en casa cuando ha subido a por los apuntes para Bruno. Le pregunta a uno de los camareros y éste le explica que se marchó a la hora de comer y todavía no ha vuelto. Ahora le escribirá para ver por dónde anda y si tiene ella que encargarse de algo. Son casi las cinco, su amigo no debería tardar en llegar.

 

Valeria se prepara un café con leche bien caliente y se sienta a una de las mesitas a esperar. Vuelve a sonreír, sola, recordando lo que ha vivido ese día en el parque del Retiro. ¿Cómo puede una persona que aparece de repente cambiar toda la dinámica de la vida de otra en un santiamén? Marcos es especial, eso no puede negarlo. Pero también su novio, al que echa mucho de menos, lo es.

 

Alcanza su BlackBerry y lo llama. No sabe dónde estará. Le gustaría que apareciese por la puerta de Constanza en ese instante y lanzarse a sus brazos. Llevan muchas horas separados, viviendo de un par de mensajes de WhatsApp.

 

No lo coge. Va a insistir una vez más, pero en ese momento es Bruno el que entra en la cafetería. Su amigo camina hasta la mesa en la que toma café y se sienta a su lado.

 

—¿Llevas mucho tiempo esperando? —le pregunta el chico, que parece algo inquieto.

 

—No, acabo de llegar.

 

—¿Estás sola? ¿No hay nadie contigo?

 

—Sí. He venido sola. Creo que Raúl está en su casa. Estoy llamándolo, pero no me lo coge —le explica al tiempo que le entrega los apuntes de Filosofía—. Toma, llévamelos el lunes, por favor.

 

—Gracias. Los fotocopio y el lunes te los devuelvo.

 

—¡Que no se te olvide!

 

—Tranquila. Soy de fiar.

 

Los dos se miran dubitativos. ¿Y ahora? Bruno ya tiene lo que ha ido a buscar. Valeria espera que se levante y se vaya; en cambio, el joven permanece allí sentado. Bruno se vuelve hacia la puerta de Constanza. Alba debería llegar en cualquier momento.

 

—¿Quieres tomar algo?

 

—No... Bueno, sí —rectifica. Así hará tiempo hasta que la chica aparezca—. Un café con leche.

 

—Bien. Espera. Ahora te lo traigo.

 

Val se incorpora y se encamina hacia la barra. La rodea y repite lo que ha hecho antes. Le prepara un café a su amigo, que, tenso, no cesa de mirar hacia la entrada de la cafetería. Alba debe de estar al caer.

 

En efecto, no tarda en llegar.

 

La chica del pelo azul entra en la cafetería con decisión y camina hasta la mesa a la que está sentado Bruno. Le da las gracias en voz baja y ocupa una de las sillas que están libres. Valeria se da cuenta en seguida de su presencia y se aproxima a ellos con el café del chico en las manos y cara de pocos amigos.

 

—Hola, Val, ¿cómo estás? —la saluda amablemente la recién llegada.

 

—Algo molesta contigo. Pero bien.

 

Suelta el café de Bruno en la mesa salpicando un poco en el platillo, y se sienta con ellos.

 

—Para eso he venido, para que dejes de estar molesta e intentemos aclarar las cosas.

 

—No hay nada que aclarar, Alba. Besaste a Raúl en mi cara. ¿Qué hay que aclarar sobre eso?

 

—Que fue un error y metí la pata.

 

—Es evidente que fue un error, un error estúpido. ¡Eso sí que está aclarado y no

 

te lo discuto! Pero también fue un golpe bajo.

 

—Debes creerme, Val. Ese beso no significó nada. Fue un impulso. Nada más. No hay absolutamente nada entre tu novio y yo.

 

—Eso ya me lo dijiste anoche.

 

—Lo sé.

 

—¿Entonces? ¿Qué quieres?

 

—Que me perdones. No me siento bien por lo que hice. Le he dado muchas vueltas al tema desde anoche. Pero salió así y ya no hay marcha atrás.

 

—Ése es el problema, que no hay marcha atrás.

 

—¿Y qué quieres que haga?

 

—Ya nada.

 

Bruno observa a una chica y a otra como si estuviese presenciando un partido de tenis. Es hora de que él se marche, ya ha cumplido su misión. Se levanta despacio, sin querer molestar ni interrumpir el diálogo entre las dos. Valeria y Alba siguen hablando mientras contemplan cómo el chico se aleja en silencio en dirección a la salida de Constanza. Desde allí se despide con la mano cuando se da cuenta de que lo están mirando. Abre la puerta y abandona la cafetería.

 

—¿Estaba él metido en esto? —pregunta Val, que ya se imaginó algo en cuanto la vio.

 

—¿Quién? ¿Bruno? ¡No!

 

—¿Seguro? No paraba de mirar la puerta para ver si venía alguien. Era como si estuviera esperando a que aparecieras. ¿No habréis preparado esto entre los dos?

 

La ha cazado y Alba no quiere seguir mintiéndole respecto a Bruno. Debe contarle la verdad, ya que si no corre el riesgo de que no vuelva a dirigirle la palabra. Eso sería fatal.

 

—Si yo te hubiera dicho que quedaras conmigo para hablar y solucionar las cosas, no habrías querido. Por eso le pedí que me ayudara quedando contigo aquí, que yo aparecería luego.

 

—¿Quién te ha dicho que yo no habría querido hablar? Aunque me has faltado el respeto por lo que hiciste, creo que de todas maneras habría hablado contigo si me lo hubieses pedido. No soy tan rencorosa.

 

—Pero estás muy enfadada...

 

—Es normal, Alba. Sigo sin entender por qué besaste a Raúl. ¿Es que sientes algo

 

por él?

 

—¡No! ¡Claro que no! ¡Ya te digo que fue un impulso!

 

—Un simple impulso no te lleva a besar a un chico así porque sí.

 

—No sé, Val. Te digo la verdad. Raúl es un gran amigo, una persona extraordinaria, guapísimo... Pero no siento nada por él.

 

Parece sincera. Incluso se diría que está sufriendo bastante con ese asunto. Si no fuera porque se le da muy bien interpretar, como ella misma ha podido comprobar en el corto, se fiaría de su palabra al ciento por ciento.

 

—Y es mi novio.

 

—Eso lo primero. Es tu novio y nunca debí besarle. Ni ensayando, ni actuando, ni por un impulso. Fue una estupidez y vuelvo a pedirte perdón por ello.

 

La ha convencido. Su mirada demuestra que está siendo honesta. Tendrá que creerla. Y quiere hacerlo, porque Alba le cae muy bien. Un fallo lo tiene cualquiera. Sin ir más lejos, ella misma ha tirado al agua a Marcos hace unos minutos, y eso es una gran metedura de pata. Sonríe y se levanta de la silla para abrazar a su amiga. A ésta se le caen unas lagrimillas que se apresura a limpiarse con una servilleta. Tampoco Valeria logra contener la emoción del momento. Vuelve la normalidad. Asunto zanjado. Hablan un rato, bromeando sobre el corto e intercambiando ideas. Vuelven a ser buenas amigas.

 

—¿Qué tal si llamamos a Raúl para contarle que ya hemos hecho las paces? —propone Alba, más relajada.

 

—Vale. Le alegrará saber que las cosas entre nosotras van bien otra vez.

 

—Primero déjame ir al baño un momento a arreglarme un poco estos ojos. Parezco un mapache.

 

—Te espero. ¿Quieres algo de beber o de comer?

 

—No, gracias.

 

Alba se pone de pie y, tras darle un beso a Valeria, camina hacia el baño de chicas. Entra y se coloca frente al espejo. Abre el grifo y se limpia el reguero de pintura que corre por sus mejillas. Trata de sonreír, pero le resulta imposible. Le duele todo aquello. En ese instante más que nunca. Aquel asunto se le ha ido de las manos. Y es que lo único que hay de sincero en ella son sus lágrimas. Sin embargo, ese llanto está lejos de estar motivado por lo que su amiga imagina.

 

No ha contestado la llamada de Valeria. Le ha dado miedo responder estando Elísabet delante. Ya es la segunda vez que Raúl no le coge el teléfono a su novia ese día.

 

No debería estar allí, sino en la cafetería. O a solas con ella en cualquier otro lugar en el que pudieran recuperar todas las horas perdidas que no han podido disfrutar juntos.

 

—Menudo rollo de peli —comenta Eli, que llevaba unos minutos callada.

 

—Bueno, no lo sé, me he perdido la mitad.

 

—Si a mí me secuestraran, ¿tú pagarías el rescate?

 

—No tengo dinero para eso.

 

—¡Ni tampoco van a secuestrarme, hombre! —exclama ella riendo—. Es un supuesto. ¿Pagarías lo que los secuestradores pidieran por mi libertad si tuvieses ese dinero?

 

—Pues... dependería de las condiciones, ¿no?

 

—Vamos, que no darías todo tu dinero por mí.

 

—No lo sé, Eli. Es una pregunta muy difícil.

 

—Para mí no. Yo haría lo que hiciese falta y daría todo el dinero que fuera necesario para que te soltasen.

 

El joven se siente un poco mal cuando la oye hablar con tanto convencimiento. No cree que él pagara un rescate por ella. Negociaría e intentaría que las cosas se solucionasen de la mejor forma posible, pero no lo daría todo por Elísabet. Aunque, de alguna manera, sus actos contradicen su pensamiento. Estar allí con ella poniendo en peligro su relación con Valeria es como pagar una gran suma. O como estar secuestrado.

 

Vuelven a centrarse en la película hasta que suena el smartphone de la joven.

 

—¡Huy! ¡Mis padres!

 

Se levanta del sofá y sale corriendo del salón para contestar. Raúl se queda solo en la habitación. La película es muy aburrida y, a pesar de que se ha perdido una gran parte, sabe cómo va a terminar. La Policía se las ingeniará para liberar a la niña secuestrada y detendrá a los malos, entre los que seguro se encuentra algún familiar de la pequeña. Entonces, gracias a todo el proceso, sus padres, que están separados, reiniciarán su relación. ¿Cuántas películas hay con el mismo argumento?

 

Quizá sea un buen momento para escribir a Valeria y decirle que dentro de

 

media hora va para Constanza. Sin embargo, justo en el instante en el que coge la BlackBerry para mandarle un mensaje, su novia lo llama de nuevo. El teléfono no suena porque durante la película lo ha puesto en modo vibrador para no molestar. Duda sobre si cogerlo, pero sería la tercera vez que no le responde. Luego tendría que inventarse alguna explicación convincente, y es algo que no se le da demasiado bien. Se levanta y, andando sigilosamente, con la BB vibrando en uno de los bolsillos de la sudadera, entra en el cuarto de baño de la planta baja. Cierra la puerta. Piensa en echar el cerrojo, pero se da cuenta de que no tiene: por consejo médico, los padres de Elísabet los quitaron cuando su hija regresó del hospital.

 

Pulsa el botón del centro de su smartphone y contesta:

 

—¿Sí?

 

—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?

 

—Bien. En casa —miente—. Estaba viendo una película con mis hermanas y me he venido al baño para no molestarlas.

 

—¿Al baño? ¿Y para qué tienes tu cuarto?

 

Ésa es una buena pregunta para la que no tiene una respuesta coherente.

 

—Para dormir y acostarme con...

 

—¡Cariño, está puesto el manos libres! —exclama Valeria interrumpiéndolo antes de que concluya la frase—. ¡Y escucha con quién estoy! Saluda.

 

—¡Hola, jefe!

 

Es la voz de Alba. Raúl se queda de piedra cuando la oye. Están juntas. ¿Eso significa que han arreglado lo del beso?

 

—Hola. ¿Dónde estáis?

 

—En la cafetería de tu novia. ¿Por qué no te vienes a tomar algo con nosotras?

 

—Hemos hecho las paces —comenta Valeria, a la que nota feliz—. Hemos acordado que a partir de ahora sólo te besaré yo.

 

Las dos chicas se ríen. A Raúl le resulta muy extraño que Val bromee con ese tipo de cosas, después de lo mal que lo ha pasado. Pero se alegra de que esté de tan buen humor. Seguramente se haya quitado un peso de encima solucionando el problema con Alba. No es rencorosa, y tampoco le gusta enfadarse con sus amigos. La joven del pelo azul se había convertido en alguien muy importante para ella tras la ruptura total con Elísabet.

 

—Chicas, quiero ver el final de la película. Cuando acabe voy para Constanza.

 

—¿De qué va la peli? —pregunta Alba.

 

—Del secuestro de una niña.

 

—Ah, ¿está bien?

 

—Es aburridilla, pero quiero ver el final, así que me voy.

 

—¿Dónde la están poniendo?

 

—En Antena 3. Luego os cuento más. Ahora...

 

Y de repente, la puerta se abre por sorpresa. Raúl observa desconcertado a Elísabet, que entra y se dirige hacia él a toda velocidad. El muchacho intenta cortar la llamada rápidamente, pero es incapaz de pulsar el botón correcto en aquellas centésimas de segundo y la BB se le cae al suelo cuando su amiga se lanza sobre él.

 

—¡Aquí estás, cariño! —grita tras saltar sobre Raúl y colgarse de su cuello—. ¡Te estaba buscando!

 

Aquel grito no se oye sólo en el cuarto de baño de la planta baja de aquella casa, sino también a un kilómetro y medio de distancia, en la cafetería Constanza, a través de la BlackBerry de Valeria, que tiene puesto el manos libres. Si la noche anterior Val se quedó inmóvil y sin poder reaccionar cuando vio a su novio besando a la chica que tiene al lado, en ese momento tiene que agarrarse a la mesa para no caerse al suelo. El corazón está a punto de salírsele del pecho. Ha reconocido la voz que ha gritado al otro lado de la línea. Y está con él. Están juntos. No es una pesadilla. Es la realidad, su vida. La maldita vida que ese cabrón acaba de destrozar.

Aparca el coche a unos cincuenta metros de la cafetería Constanza, en doble fila y con el intermitente puesto. Antes han pasado por casa de Valeria para recoger los apuntes de Filosofía para Bruno. Pese a que la chica ha insistido en que no lo hiciera, Marcos ha querido llevarla hasta allí.

—Como comprenderás, no voy a salir así a saludar a tu madre —comenta el joven, jocoso, mientras señala sus bóxeres largos de rayas azules.

Ella no quiere ni mirar. Todavía no se ha librado de la sensación de incomodidad que le produce viajar al lado de un chico en ropa interior. En cualquier caso, debe admitir que, en su conjunto, ese día será inolvidable.

—Tranquilo, ya la saludo yo de tu parte.

—Gracias. Dile a Mara que más tarde le escribiré un privado en Twitter para contarle cómo nos ha ido.

—Se lo diré.

Que aquellos dos se lleven tan bien no le hace demasiada gracia. Pero Val tampoco tiene argumentos sólidos para impedir que sean amigos, así que lo mejor es no hacer nada, que ya ha metido suficientemente la pata por ese día. Ya se cansarán de aquel jueguecito.

—Trataré de tener las fotos lo antes posible. Esta noche o mañana.

—No te preocupes, no hay prisa.

—Yo sí la tengo. Estoy deseando ver lo que ha salido. Creo que... creo que... que...

Y estornuda. Dos, tres veces. Valeria suspira. Todo es culpa suya. Sólo espera que Marcos no se constipe y no tenga problemas para presentar su programa de radio la semana siguiente.

—Lo que tienes que hacer es no salir de casa estos días y cuidarte. Descansa mucho en la cama, bien tapadito.

—También lo haré. Pero intentaré venir mañana a traerte las fotos. Ya verás lo bien que has salido.

—Luego soy yo la cabezota...

—Ellos se hacen y el destino los junta.

—Ese refrán no existe.

—Claro que sí, lo he inventado yo.

Valeria niega con la cabeza y abre la puerta del Fiat500. Marcos estornuda otra vez. ¡En buena hora eligió las barquitas como escenario para las fotos!

—Hasta mañana, muchas gracias por todo y... lo siento.

—Lo que siento yo es tener que despedirme de ti.

—No seas empalagoso —protesta la chica nuevamente acalorada—. Guárdate las frases bonitas para los oyentes.

—Hay para todos. Hasta mañana, Val.

Le dice adiós con una sonrisa y arranca el coche. Se va alejando poco a poco, no sin antes tocar el claxon un par de veces para despedirse.

—Ellos se hacen y el destino los junta —recita en voz baja Valeria—. Que lo ha inventado él. ¡Ja! Qué cara más dura.

Sonriendo, entra en la cafetería en la que, por lo que comprueba inmediatamente, no está su madre. Tampoco la ha encontrado en casa cuando ha subido a por los apuntes para Bruno. Le pregunta a uno de los camareros y éste le explica que se marchó a la hora de comer y todavía no ha vuelto. Ahora le escribirá para ver por dónde anda y si tiene ella que encargarse de algo. Son casi las cinco, su amigo no debería tardar en llegar.

Valeria se prepara un café con leche bien caliente y se sienta a una de las mesitas a esperar. Vuelve a sonreír, sola, recordando lo que ha vivido ese día en el parque del Retiro. ¿Cómo puede una persona que aparece de repente cambiar toda la dinámica de la vida de otra en un santiamén? Marcos es especial, eso no puede negarlo. Pero también su novio, al que echa mucho de menos, lo es.

Alcanza su BlackBerry y lo llama. No sabe dónde estará. Le gustaría que apareciese por la puerta de Constanza en ese instante y lanzarse a sus brazos. Llevan muchas horas separados, viviendo de un par de mensajes de WhatsApp.

No lo coge. Va a insistir una vez más, pero en ese momento es Bruno el que entra en la cafetería. Su amigo camina hasta la mesa en la que toma café y se sienta a su lado.

—¿Llevas mucho tiempo esperando? —le pregunta el chico, que parece algo inquieto.

—No, acabo de llegar.

—¿Estás sola? ¿No hay nadie contigo?

—Sí. He venido sola. Creo que Raúl está en su casa. Estoy llamándolo, pero no me lo coge —le explica al tiempo que le entrega los apuntes de Filosofía—. Toma, llévamelos el lunes, por favor.

—Gracias. Los fotocopio y el lunes te los devuelvo.

—¡Que no se te olvide!

—Tranquila. Soy de fiar.

Los dos se miran dubitativos. ¿Y ahora? Bruno ya tiene lo que ha ido a buscar. Valeria espera que se levante y se vaya; en cambio, el joven permanece allí sentado. Bruno se vuelve hacia la puerta de Constanza. Alba debería llegar en cualquier momento.

—¿Quieres tomar algo?

—No... Bueno, sí —rectifica. Así hará tiempo hasta que la chica aparezca—. Un café con leche.

—Bien. Espera. Ahora te lo traigo.

Val se incorpora y se encamina hacia la barra. La rodea y repite lo que ha hecho antes. Le prepara un café a su amigo, que, tenso, no cesa de mirar hacia la entrada de la cafetería. Alba debe de estar al caer.

En efecto, no tarda en llegar.

La chica del pelo azul entra en la cafetería con decisión y camina hasta la mesa a la que está sentado Bruno. Le da las gracias en voz baja y ocupa una de las sillas que están libres. Valeria se da cuenta en seguida de su presencia y se aproxima a ellos con el café del chico en las manos y cara de pocos amigos.

—Hola, Val, ¿cómo estás? —la saluda amablemente la recién llegada.

—Algo molesta contigo. Pero bien.

Suelta el café de Bruno en la mesa salpicando un poco en el platillo, y se sienta con ellos.

—Para eso he venido, para que dejes de estar molesta e intentemos aclarar las cosas.

—No hay nada que aclarar, Alba. Besaste a Raúl en mi cara. ¿Qué hay que aclarar sobre eso?

—Que fue un error y metí la pata.

—Es evidente que fue un error, un error estúpido. ¡Eso sí que está aclarado y no

te lo discuto! Pero también fue un golpe bajo.

—Debes creerme, Val. Ese beso no significó nada. Fue un impulso. Nada más. No hay absolutamente nada entre tu novio y yo.

—Eso ya me lo dijiste anoche.

—Lo sé.

—¿Entonces? ¿Qué quieres?

—Que me perdones. No me siento bien por lo que hice. Le he dado muchas vueltas al tema desde anoche. Pero salió así y ya no hay marcha atrás.

—Ése es el problema, que no hay marcha atrás.

—¿Y qué quieres que haga?

—Ya nada.

Bruno observa a una chica y a otra como si estuviese presenciando un partido de tenis. Es hora de que él se marche, ya ha cumplido su misión. Se levanta despacio, sin querer molestar ni interrumpir el diálogo entre las dos. Valeria y Alba siguen hablando mientras contemplan cómo el chico se aleja en silencio en dirección a la salida de Constanza. Desde allí se despide con la mano cuando se da cuenta de que lo están mirando. Abre la puerta y abandona la cafetería.

—¿Estaba él metido en esto? —pregunta Val, que ya se imaginó algo en cuanto la vio.

—¿Quién? ¿Bruno? ¡No!

—¿Seguro? No paraba de mirar la puerta para ver si venía alguien. Era como si estuviera esperando a que aparecieras. ¿No habréis preparado esto entre los dos?

La ha cazado y Alba no quiere seguir mintiéndole respecto a Bruno. Debe contarle la verdad, ya que si no corre el riesgo de que no vuelva a dirigirle la palabra. Eso sería fatal.

—Si yo te hubiera dicho que quedaras conmigo para hablar y solucionar las cosas, no habrías querido. Por eso le pedí que me ayudara quedando contigo aquí, que yo aparecería luego.

—¿Quién te ha dicho que yo no habría querido hablar? Aunque me has faltado el respeto por lo que hiciste, creo que de todas maneras habría hablado contigo si me lo hubieses pedido. No soy tan rencorosa.

—Pero estás muy enfadada...

—Es normal, Alba. Sigo sin entender por qué besaste a Raúl. ¿Es que sientes algo

por él?

—¡No! ¡Claro que no! ¡Ya te digo que fue un impulso!

—Un simple impulso no te lleva a besar a un chico así porque sí.

—No sé, Val. Te digo la verdad. Raúl es un gran amigo, una persona extraordinaria, guapísimo... Pero no siento nada por él.

Parece sincera. Incluso se diría que está sufriendo bastante con ese asunto. Si no fuera porque se le da muy bien interpretar, como ella misma ha podido comprobar en el corto, se fiaría de su palabra al ciento por ciento.

—Y es mi novio.

—Eso lo primero. Es tu novio y nunca debí besarle. Ni ensayando, ni actuando, ni por un impulso. Fue una estupidez y vuelvo a pedirte perdón por ello.

La ha convencido. Su mirada demuestra que está siendo honesta. Tendrá que creerla. Y quiere hacerlo, porque Alba le cae muy bien. Un fallo lo tiene cualquiera. Sin ir más lejos, ella misma ha tirado al agua a Marcos hace unos minutos, y eso es una gran metedura de pata. Sonríe y se levanta de la silla para abrazar a su amiga. A ésta se le caen unas lagrimillas que se apresura a limpiarse con una servilleta. Tampoco Valeria logra contener la emoción del momento. Vuelve la normalidad. Asunto zanjado. Hablan un rato, bromeando sobre el corto e intercambiando ideas. Vuelven a ser buenas amigas.

—¿Qué tal si llamamos a Raúl para contarle que ya hemos hecho las paces? —propone Alba, más relajada.

—Vale. Le alegrará saber que las cosas entre nosotras van bien otra vez.

—Primero déjame ir al baño un momento a arreglarme un poco estos ojos. Parezco un mapache.

—Te espero. ¿Quieres algo de beber o de comer?

—No, gracias.

Alba se pone de pie y, tras darle un beso a Valeria, camina hacia el baño de chicas. Entra y se coloca frente al espejo. Abre el grifo y se limpia el reguero de pintura que corre por sus mejillas. Trata de sonreír, pero le resulta imposible. Le duele todo aquello. En ese instante más que nunca. Aquel asunto se le ha ido de las manos. Y es que lo único que hay de sincero en ella son sus lágrimas. Sin embargo, ese llanto está lejos de estar motivado por lo que su amiga imagina.

No ha contestado la llamada de Valeria. Le ha dado miedo responder estando Elísabet delante. Ya es la segunda vez que Raúl no le coge el teléfono a su novia ese día.

No debería estar allí, sino en la cafetería. O a solas con ella en cualquier otro lugar en el que pudieran recuperar todas las horas perdidas que no han podido disfrutar juntos.

—Menudo rollo de peli —comenta Eli, que llevaba unos minutos callada.

—Bueno, no lo sé, me he perdido la mitad.

—Si a mí me secuestraran, ¿tú pagarías el rescate?

—No tengo dinero para eso.

—¡Ni tampoco van a secuestrarme, hombre! —exclama ella riendo—. Es un supuesto. ¿Pagarías lo que los secuestradores pidieran por mi libertad si tuvieses ese dinero?

—Pues... dependería de las condiciones, ¿no?

—Vamos, que no darías todo tu dinero por mí.

—No lo sé, Eli. Es una pregunta muy difícil.

—Para mí no. Yo haría lo que hiciese falta y daría todo el dinero que fuera necesario para que te soltasen.

El joven se siente un poco mal cuando la oye hablar con tanto convencimiento. No cree que él pagara un rescate por ella. Negociaría e intentaría que las cosas se solucionasen de la mejor forma posible, pero no lo daría todo por Elísabet. Aunque, de alguna manera, sus actos contradicen su pensamiento. Estar allí con ella poniendo en peligro su relación con Valeria es como pagar una gran suma. O como estar secuestrado.

Vuelven a centrarse en la película hasta que suena el smartphone de la joven.

—¡Huy! ¡Mis padres!

Se levanta del sofá y sale corriendo del salón para contestar. Raúl se queda solo en la habitación. La película es muy aburrida y, a pesar de que se ha perdido una gran parte, sabe cómo va a terminar. La Policía se las ingeniará para liberar a la niña secuestrada y detendrá a los malos, entre los que seguro se encuentra algún familiar de la pequeña. Entonces, gracias a todo el proceso, sus padres, que están separados, reiniciarán su relación. ¿Cuántas películas hay con el mismo argumento?

Quizá sea un buen momento para escribir a Valeria y decirle que dentro de

media hora va para Constanza. Sin embargo, justo en el instante en el que coge la BlackBerry para mandarle un mensaje, su novia lo llama de nuevo. El teléfono no suena porque durante la película lo ha puesto en modo vibrador para no molestar. Duda sobre si cogerlo, pero sería la tercera vez que no le responde. Luego tendría que inventarse alguna explicación convincente, y es algo que no se le da demasiado bien. Se levanta y, andando sigilosamente, con la BB vibrando en uno de los bolsillos de la sudadera, entra en el cuarto de baño de la planta baja. Cierra la puerta. Piensa en echar el cerrojo, pero se da cuenta de que no tiene: por consejo médico, los padres de Elísabet los quitaron cuando su hija regresó del hospital.

Pulsa el botón del centro de su smartphone y contesta:

—¿Sí?

—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?

—Bien. En casa —miente—. Estaba viendo una película con mis hermanas y me he venido al baño para no molestarlas.

—¿Al baño? ¿Y para qué tienes tu cuarto?

Ésa es una buena pregunta para la que no tiene una respuesta coherente.

—Para dormir y acostarme con...

—¡Cariño, está puesto el manos libres! —exclama Valeria interrumpiéndolo antes de que concluya la frase—. ¡Y escucha con quién estoy! Saluda.

—¡Hola, jefe!

Es la voz de Alba. Raúl se queda de piedra cuando la oye. Están juntas. ¿Eso significa que han arreglado lo del beso?

—Hola. ¿Dónde estáis?

—En la cafetería de tu novia. ¿Por qué no te vienes a tomar algo con nosotras?

—Hemos hecho las paces —comenta Valeria, a la que nota feliz—. Hemos acordado que a partir de ahora sólo te besaré yo.

Las dos chicas se ríen. A Raúl le resulta muy extraño que Val bromee con ese tipo de cosas, después de lo mal que lo ha pasado. Pero se alegra de que esté de tan buen humor. Seguramente se haya quitado un peso de encima solucionando el problema con Alba. No es rencorosa, y tampoco le gusta enfadarse con sus amigos. La joven del pelo azul se había convertido en alguien muy importante para ella tras la ruptura total con Elísabet.

—Chicas, quiero ver el final de la película. Cuando acabe voy para Constanza.

—¿De qué va la peli? —pregunta Alba.

—Del secuestro de una niña.

—Ah, ¿está bien?

—Es aburridilla, pero quiero ver el final, así que me voy.

—¿Dónde la están poniendo?

—En Antena 3. Luego os cuento más. Ahora...

Y de repente, la puerta se abre por sorpresa. Raúl observa desconcertado a Elísabet, que entra y se dirige hacia él a toda velocidad. El muchacho intenta cortar la llamada rápidamente, pero es incapaz de pulsar el botón correcto en aquellas centésimas de segundo y la BB se le cae al suelo cuando su amiga se lanza sobre él.

—¡Aquí estás, cariño! —grita tras saltar sobre Raúl y colgarse de su cuello—. ¡Te estaba buscando!

Aquel grito no se oye sólo en el cuarto de baño de la planta baja de aquella casa, sino también a un kilómetro y medio de distancia, en la cafetería Constanza, a través de la BlackBerry de Valeria, que tiene puesto el manos libres. Si la noche anterior Val se quedó inmóvil y sin poder reaccionar cuando vio a su novio besando a la chica que tiene al lado, en ese momento tiene que agarrarse a la mesa para no caerse al suelo. El corazón está a punto de salírsele del pecho. Ha reconocido la voz que ha gritado al otro lado de la línea. Y está con él. Están juntos. No es una pesadilla. Es la realidad, su vida. La maldita vida que ese cabrón acaba de destrozar.

 

 

Мигнув поворотником и включив габаритные огни, он припарковал машину в полусотне метров от кафе “Констанция” в крайнем правом ряду. Но прежде они заехали к Валерии домой, чтобы захватить конспект по философии для Бруно. Несмотря на все убеждения девушки не подвозить ее до кафе, Маркос пожелал самолично доставить ее прямо туда.

 

- Как ты понимаешь, в таком виде я не пойду здороваться с твоей мамой, – шутливо заявляет парень, указывая рукой на сине-полосатые боксеры.

 

Вал даже не хочет смотреть в его сторону, она все еще не избавилась от чувства неловкости, вызванного поездкой в машине с парнем в одних лишь трусах. Как бы там ни было, а она должна признать, что, в целом, этот день станет незабываемым.

 

- Можешь быть спокоен, я передам ей привет от тебя.

 

- Вот спасибо. Передай Маре, что попозже я напишу ей в Twitter, в личку, и расскажу ей обо всем.

 

- Я сама ей скажу.

 

Вал не слишком нравится то, что эти двое отлично спелись, но у нее нет веских аргументов, чтобы мешать их дружбе. Пожалуй, лучше ничего не предпринимать, за сегодняшний день она и так достаточно опростоволосилась. Скоро им и самим надоест играть в эти игрушечки.

 

- Я постараюсь сделать фотографии как можно быстрее. Сегодня ночью или завтра утром.

 

- Не стоит беспокоиться, мне не к спеху.

 

- Зато я хочу побыстрее увидеть, что получилось. Думаю, что... думаю... что...

 

Маркос чихает раз и другой, и третий. Валерия виновато вздыхает, это все из-за нее. Она надеется только, что Маркос не простудился, и сможет без проблем вести передачу на следующей неделе.

 

- В эти дни ты не должен выходить из дома, тебе нужно позаботиться о себе. Укутайся потеплее и лежи побольше в постели, отдыхай.

 

- Я так и сделаю, но завтра постараюсь прийти и принести тебе фотографии. Увидишь, ты вышла отлично.

 

- И после этого я же еще упрямая...

 

- Два рыбака пара, вот судьба их и соединяет.

 

- Такой поговорки не существует.

 

- Еще как существует, я сам ее сочинил.

 

Неодобрительно качнув головой, Валерия открывает дверцу машины. Маркос снова чихает. В добрый час выбрал он лодки как сцену под фотографии!

 

- До завтра. Спасибо тебе большое, и… мне так жаль.

 

- А мне жаль, что я должен попрощаться с тобой.

 

- Не будь таким сладкоречивым, – возражает девушка, снова краснея. – Прибереги свои красивые слова для слушателей.

 

- Они существуют для всех. До завтра, Вал, – с улыбкой прощается Маркос, трогая машину с места. Постепенно он отъезжает все дальше и дальше, пару раз надавив на гудок, чтобы еще раз попрощаться.

 

Два рыбака пара, вот судьба их и соединяет, – шепотом повторят Валерия. – Он, видите ли, сам ее сочинил. Ха, вот нахал!

 

Улыбаясь своим мыслям, девушка входит в кафе и сразу же замечает, что матери там нет. Не нашла

 

она ее и дома, когда поднялась туда за конспектами для Бруно. На вопрос, где ее мама, один из официантов поясняет, что она ушла с обеда и еще не вернулась. Сейчас она напишет маме, чтобы узнать, где та бродит, и не нужно ли, что-нибудь сделать. Уже почти пять, и ее друг должен вот-вот прийти. Валерия готовит себе чашку горячего кофе с молоком и в ожидании садится за один из столиков. Она снова улыбается, вспоминая в одиночестве, что пережила сегодня в парке Ретиро. Может ли человек, столь внезапно появившийся в жизни другого человека, в одночасье кардинально изменить ее ход? Маркос – очень необычный человек, это нельзя отрицать, но и Рауль, ее парень, по которому она сильно скучает, тоже особенный.

 

Валерия достает свой смартфон и звонит Раулю. Она не знает, где он сейчас, но ей так хотелось

 

бы, чтобы в этот миг Рауль появился в дверях “Констанции” и бросился в ее объятия. Уже много часов они провели порознь, обменявшись только парой сообщений.

 

Рауль не отвечает. Валерия пробует позвонить ему еще раз, но тут в кафе входит Бруно. Он идет к

 

столику, за которым Валерия пьет кофе, и садится рядом с подругой.

 

- Давно ждешь? – спрашивает парень, который кажется слегка встревоженным.

 

- Нет, я только что пришла.

 

- Ты одна? Больше никого?

 

- Да, я пришла одна. Думаю, Рауль у себя дома. Я звоню ему, но он не берет трубку, – поясняет

 

девушка, протягивая Бруно конспекты по философии. – Вот, возьми, а в понедельник вернешь.

 

- Спасибо. Я отсканирую их и верну тебе в понедельник.

 

- Только не забудь!

 

- Будь спок, не подведу.

 

Во взгляде обоих сквозит какая-то неуверенность – и что дальше? Теперь у Бруно есть то, что он искал, и Валерия ждет, что сейчас он встанет и уйдет, однако парень словно прирос к стулу. Бруно оборачивается к входной двери, Альба может появиться в “Констанции” в любой момент.

 

- Хочешь что-нибудь выпить?

 

- Да нет... А вообще-то, да, – исправляет свою ошибку парень. Так он протянет время до прихода Альбы. – Кофе с молоком.

 

- Хорошо, подожди немного, я сейчас принесу.

 

Вал встает из-за стола и направляется к барной стойке. Процесс повторяется. Она снова варит кофе, только на этот раз для друга, который не сводит напряженного взгляда с входной двери кафе. Альба должна прийти с минуты на минуту. И в самом деле девушка не замедлила с приходом. Синевласка решительным шагом входит в кафе и идет к столику, за которым сидит Бруно. Она шепотом благодарит парня и садится на один из свободных стульев. Валерия мгновенно замечает ее присутствие. С весьма недружелюбным видом она подходит к ребятам, неся в руках чашку кофе для Бруно.

 

- Салют, Вал, как ты? – приветливо здоровается только что пришедшая.

 

- Напряжно как-то в твоем присутствии, а так ничего.

 

Вал с такой злостью ставит чашку Бруно на стол, что кофе выплескивается на блюдце. Сама она садится за стол вместе с ними.

 

- Я для того и пришла, чтобы ты перестала злиться, и мы постарались бы объясниться.

 

- Здесь нечего объяснять, Альба. Ты прямо при мне поцеловала Рауля. Что тут объяснять?

 

- Ну я ошиблась, сваляла дурака.

 

- То, что ты сваляла дурака и так очевидно, с этим я не спорю. Но это была не просто ошибка, это подлость, удар в спину.

 

- Вал, ты должна мне поверить – этот поцелуй ничего не означал. Это был просто импульс, не больше. Между твоим парнем и мной нет абсолютно ничего.

 

- Ты сказала это еще вчера.

 

- Я знаю.

 

- Ну и чего ты хочешь?

 

- Чтобы ты меня простила. Мне очень плохо из-за того, что я сделала. Со вчерашенего вечера я очень много думала об этом. Но так вышло, и сделанного не воротишь.

 

- В том-то и проблема, что не воротишь, нет пути назад.

 

- Что мне сделать? Что ты хочешь?

 

- Уже ничего.

 

Бруно по очереди смотрит то на одну девушку, то на другую. Он словно присутствует на теннисной встрече. Ему пора уходить, свою миссию он уже выполнил. Бруно неторопливо поднимается, не желая беспокоить обеих девушек и прерывать их диалог. Валерия и Альба продолжают говорить между собой, внимательно наблюдая за парнем, молча идущим к выходу из “Констанции”. У выхода Бруно замечает, что девушки смотрят на него, и машет им оттуда рукой, затем открывает дверь и выходит из кафе.

 

- Он был в этом замешан, так? – спрашивает Вал. Некие смутные подозрения зародились в ней, едва она увидела вошедшую в кафе Альбу.

 

- Кто? Бруно? Нет, что ты!

 

- Да неужели? И вы оба не подготовили все это? Да он же, не переставая, пялился на дверь, чтобы посмотреть, не пришел ли кто, словно поджидая, не появишься ли ты.

 

Вал подловила ее, и Альба не хочет продолжать врать ей относительно Бруно. Она должна сказать правду, иначе она рискует тем, что Вал снова не станет разговаривать с ней, а это было бы ужасно.

 

- Если бы я попросила тебя встретиться со мной, чтобы поговорить и все решить, ты бы не захотела, поэтому я попросила Бруно, чтобы он помог мне встретиться с тобой здесь, когда я появлюсь чуть позже него.

 

- А кто тебе сказал, что я не захотела бы с тобой поговорить? Хотя мое уважение к тебе сильно поубавилось после того, что ты сделала, думаю, я в любом случае поговорила бы с тобой, если бы ты попросила. Я не настолько злобная.

 

- Но ты же очень сердишься...

 

- По-моему, это нормально, Альба. Я по-прежнему не понимаю, зачем ты поцеловала Рауля? Ты что-то чувствуешь к нему?

 

- Нет, конечно нет! Я же сказала. Это был просто импульс!

 

- Просто импульс не приведет тебя к тому, чтобы вот так вот целовать парня.

 

- Не знаю, Вал. Я говорю правду. Рауль классный друг, выдающаяся личность, он очень красивый парень, но... я ничего не чувствую к нему.

 

Альба кажется искренней. Валерия поверила бы ей на сто процентов и даже сказала бы, что Альба очень сильно переживает из-за этого, не будь та замечательной актрисой, в чем Вал самолично смогла убедиться на съемках.

 

- Вообще-то он мой парень.

 

- То-то и оно, что он твой парень, это самое главное, и я ни в коем случае не должна была целовать его, будь то репетиция, игра или порыв. Это была большая глупость с моей стороны, и я снова прошу у тебя прощения за свою дурацкую выходку.

 

Всё, Альба ее убедила. Взгляд девушки свидетельствует об искренности ее слов, ее честности. Она должна поверить ей, и хочет верить, потому что Альба ей очень нравится. У каждого свои ошибки. Чего далеко ходить, она сама совсем недавно свалила Маркоса в воду, та еще промашка. Глупее не придумаешь. Вал улыбается своим воспоминаниям и встает со стула, чтобы обнять подругу. Несколько слезинок выкатываются из глаз Альбы, и она торопливо промокает их салфеткой. Валерии тоже не удается сдержать моментально нахлынувшие чувства. Вопрос улажен, и все вернулось на круги своя. Девушки мирно разговаривают, шутят по поводу фильма и обмениваются идеями. Они снова стали закадычными подружками.

 

- А что, если позвонить Раулю и сказать, что мы уже помирились? – непринужденно предлагает Альба.

 

- Идет. Вот он обрадуется, когда узнает, что между нами опять все хорошо.

 

- Только сначала дай мне зайти в туалет и немного привести в порядок глаза, а то с этими синяками я похожа на барсука.

 

- Я тебя подожду. Хочешь чего-нибудь выпить или съесть?

 

- Нет, спасибо.

 

Альба встает из-за стола, целует Валерию и идет к дамскому туалету. Войдя в туалет, она встает перед зеркалом, открывает кран и смывает водой ручейки туши, бегущие по ее щекам. Девушка пытается улыбнуться, но ей не удается. Она расстроена всем происходящим, а в эту минуту особенно сильно. Все пошло с ее руки, и единственное, что есть в ней искреннего, это ее слезы, хотя этот плач далек от истинной причины, о которой ее подружка даже не подозревает.

 

 

 

Рауль не ответил на звонок Валерии, он боится отвечать в присутствии Элизабет. Уже второй раз за день он пропустил звонок своей девушки.

 

Он должен был бы находиться не здесь, а вместе с Валерией в кафе или в любом другом месте, где они вдвоем сумели бы наверстать все потерянные часы, когда они не смогли наслаждаться обществом друг друга.

 

- А ничего фильмец, – немного помолчав, начинает разговор Эли.

 

- Не знаю, возможно и так, я половину пропустил.

 

- Слушай, а если бы меня похитили, ты заплатил бы за меня выкуп?

 

- У меня нет на это денег.

 

- Эй, парень, да меня и не собираются похищать! – хохочет Эли. – Это всего лишь предположение. Вот, положим, меня похитили. Ты заплатил бы за мою свободу то, что потребовали похитители, если бы у тебя были деньги?

 

- Ну, это зависело бы от условий. А что?

 

- Понятно, значит, ты не отдал бы ради меня все свои деньги.

 

- Я не знаю, Эли, это очень сложный вопрос.

 

- А для меня простой. Я сделала бы все, что нужно, отдала бы все деньги, какие только необходимо, лишь бы тебя отпустили.

 

Раулю становится слегка не по себе, когда он слышит в словах девушки такую убежденность. Он не уверен, что заплатил бы за нее выкуп. Он постарался бы добиться, чтобы это дело решилось как можно лучшим образом, но он не отдал бы за Элизабет все. Впрочем, его действия тем или иным способом противоречат его мыслям. Находиться здесь с Эли, рискуя своими отношениями с Валерией, все равно, что заплатить огромную сумму выкупа, или быть похищенным. Рауль и Эли снова сосредоточенно смотрят фильм, пока у девушки не звонит смартфон.

 

- Ой! Это родители!

 

Эли вскакивает с дивана и выбегает из комнаты, чтобы ответить на звонок. Рауль остается в гостиной один. Фильм ужасно скучный. Несмотря на то, что парень пропустил бóльшую его часть, он отлично знает, чем все закончится. Полиция изловчится и освободит похищенную девочку, задержит злодеев, среди которых наверняка найдется кто-нибудь из родственников малышки, и благодаря всей этой ахинее, ее расставшиеся до этого родители вновь сойдутся. И сколько еще существует фильмов с одним и тем же сюжетом?

 

Пожалуй, сейчас самый подходящий момент написать Валерии и сказать, что через полчаса он, скорее всего, будет в кафе. В ту самую минуту, как парень взял смартфон, чтобы послать Валерии сообщение, девушка сама снова звонит ему. Телефон не звонит, поскольку на время фильма Рауль поставил его на режим вибрации, чтобы никому не мешать. Парень колеблется, брать ли трубку, но тогда он не ответил бы уже в третий раз, и ему пришлось бы сочинять какое-нибудь убедительное объяснение, что у него не слишком получается. В одном из карманов толстовки, вовсю надрывается, вибрируя, телефон. Рауль встает и неслышно спускается на нижний этаж, в ванную. Войдя, он плотно прикрывает дверь и собирается повернуть защелку, но замечает, что ее нет. По совету врачей родители Элизабет сняли со всех дверей защелки, когда их дочь вернулась из больницы. Рауль нажимает центральную кнопку смартфона и отвечает:

 

- Да.

 

- Привет, милый, как дела?

 

- Отлично, я сейчас дома, – не моргнув глазом, врет Рауль. – Я смотрел вместе с сестрами фильм и вышел в ванную, чтобы не мешать им.

 

- В ванную? А для чего тебе своя комната?

 

Отличный вопрос, на который нет связного ответа.

 

- Чтобы спать и лежать с...

 

- Освободи руки для приветствия, милый, – радостно кричит Валерия, обрывая парня на полуслове, – и послушай, с кем я!

 

- Привет, шеф!

 

Это голос Альбы. Услышав его, Рауль окаменел. Они вместе, и это означает, что вопрос с поцелуем улажен?

 

- Салют. Где вы?

 

- В кафе твоей девчонки. Почему бы тебе не прийти и не выпить что-нибудь с нами?

 

- Мы помирились, – радостно замечает Валерия, – и договорились, что с этой секунды целовать тебя буду только я.

 

Обе девушки смеются. Раулю очень странно слышать, как Вал шутит над подобными вещами после всего плохого, что случилось с ними, но он рад ее веселому настроению. Похоже, для нее проблема с Альбой решена, и с нее точно груз свалился. Вал добродушная, и ей не нравится ссориться со своими друзьями, а эта синеволосая девушка стала чем-то важным для нее после полного разрыва с Элизабет.

 

- Девчонки, я хочу досмотреть конец фильма. Когда он закончится, я приду в “Констанцию”.

 

- О чем фильм?

 

- О похищении маленькой девочки.

 

- Интересный?

 

- Скучный, но я хочу посмотреть конец, так что уже ухожу.

 

- По какому каналу его крутят?

 

- По Антене 3. Потом я расскажу подробнее, а сейчас...

 

Неожиданно дверь в ванную распахивается. Рауль недоуменно смотрит на вошедшую и быстро идущую к нему Элизабет. Парень судорожно пытается прервать звонок, но ему не хватает каких-то сотых долей секунды, чтобы нажать нужную кнопку. Эли бросается на него, и смартфон падает на пол.

 

- Ах, вот ты где, любимый! А я тебя искала! – громко кричит Эли, прыгнув на Рауля и повиснув у него на шее.

 

Этот крик слышен не только в ванной на нижнем этаже, но и в полутора километрах от этой квартиры, в кафе “Констанция”. Он громом раздается в наушниках смартфона Валерии. Если вчерашним вечером Вал застыла, как вкопанная, увидев своего парня целующимся с другой девчонкой, стоящей рядом с ним, то теперь ей пришлось ухватиться за столик, чтобы не упасть на пол. Ее сердце вот-вот выскочит из груди. Она узнала голос, который кричал на другом конце телефона. И она с ним. Они вдвоем, они вместе. Должно быть, это сон. Не-ет, это не кошмар, это явь, это ее жизнь. Да пропади она пропадом проклятая жизнь, которую этот подлец только что разбил.

 

 

 

* Ellos se hacen y el destino los junta (досл: они растут и судьба их соединяет) – здесь идет обыгрыш популярной в Испании поговорки Dios los cria y ellos se juntan (досл: Бог растит их, и они соединяются). В русском языке приблизительно соответствует поговорке “Рыбак рыбака видит издалека” (т.е. люди, близкие по каким-то качествам, зачастую отрицательным, быстро находят общий язык) или “Два сапога пара” (т.е. подходящие друг другу по взглядам, поведению и особенно недостаткам)

 

© Перевод — Вера Голубкова

 

 

Capítulos de No sonrías que me enamoro 1 / 2 / 3 / 4 / 5 / 6 / 7 / 8 / 9 / 10 / 11 / 12 / 13 / 14 / 15 / 16 / 17 / 18 / 19 / 20 / 21 / 22 / 23 / 24 / 25 / 26 / 27 / 28 / 29 / 30 / 31 / 32 / 33 / 34 / 35 / 36 / 37 / 38 / 39 / 40 / 41 / 42 / 43 / 44 / 45 / 46 / 47 / 48 / 49 / 50 / 51 / 52 / 53 / 54 / 55 / 56 / 57 / 58 / 59 / 60 / 61 / 62 / 63 / 64 / 65 / 66 / 67