Педро Аларкон. Короткие рассказы. "Два наслаждения"

 

LAS DOS GLORIAS

Un día que el célebre pintor flamenco Pedro Pablo Rubens[26-1]

andaba recorriendo los templos de Madrid acompañado de sus

afamados discípulos, penetró en la iglesia de un humilde convento,

cuyo nombre no designa la tradición.

Poco o nada encontró que admirar el ilustre artista en aquel

pobre y desmantelado templo, y ya se marchaba renegando,

como solía, del mal gusto de los frailes de Castilla la Nueva,[26-2]

cuando reparó en cierto cuadro medio oculto en las sombras

de feísima capilla;[26-3] acercóse a él, y lanzó una exclamación

de asombro.

Sus discípulos le rodearon al momento,[26-4]] preguntándole:

—¿Qué habéis encontrado, maestro?

—¡Mirad!—dijo Rubens señalando, por toda contestación,

al lienzo que tenía delante[26-5].

Los jóvenes quedaron tan maravillados como el autor del

Descendimiento.[26-6]

Representaba aquel cuadro la Muerte de un religioso.— Era

éste muy joven, y de una belleza que ni la penitencia ni la agonía

habían podido eclipsar, y hallábase tendido sobre los ladrillos

de su celda, velados ya los ojos por la muerte, con una mano

extendida sobre una calavera, y estrechando con la otra, a su

corazón, un crucifijo de madera y cobre.

En el fondo del lienzo se veía pintado otro cuadro, que

figuraba estar colgado[26-7] cerca del lecho de que se suponía haber

salido el religioso para morir con más humildad sobre la dura

tierra.

Aquel segundo cuadro representaba a una difunta, joven

hermosa, tendida en el ataúd entre fúnebres cirios y negras y

suntuosas colgaduras....

Nadie hubiera podido mirar estas dos escenas, contenida la

una en la otra, sin comprender que se explicaban y completaban

recíprocamente. Un amor desgraciado, una esperanza

muerta, un desencanto de la vida, un olvido eterno del mundo:

he aquí el poema misterioso que se deducía de los dos ascéticos

dramas que encerraba aquel lienzo.

Por lo demás, el color, el dibujo, la composición, todo revelaba

un genio de primer orden.

—Maestro, ¿de quién puede ser esta magnífica obra?—preguntaron

a Rubens sus discípulos, que ya habían alcanzado

el cuadro.

—En este ángulo ha habido un nombre escrito (respondió

el maestro); pero hace muy pocos meses que ha sido borrado.—En

cuanto a la pintura, no tiene arriba de treinta años, ni

menos de veinte.

—Pero el autor....

—El autor, según el mérito del cuadro, pudiera ser Velazquez,[27-1]

Zurbarán, Ribera, o el joven Murillo, de quien tan prendado

estoy.... Pero Velazquez no siente de este modo.

Tampoco es Zurbarán, si atiendo al color y a la manera de ver

el asunto. Menos aún debe atribuirse a Murillo ni a Ribera:

aquél es más tierno, y éste es más sombrío; y, además, ese

estilo no pertenece ni a la escuela del uno ni a la del otro. En

resumen: yo no conozco al autor de este cuadro, y hasta juraría

que no he visto jamás obras suyas.—Voy más lejos: creo que

el pintor desconocido, y acaso ya muerto, que ha legado al

mundo tal maravilla,[27-2] no perteneció a ninguna escuela, ni ha

pintado más cuadro que éste, ni hubiera podido pintar otro que

se le acercara en mérito.... Ésta es una obra de pura inspiración,

un asunto propio,[27-3] un reflejo del alma, un pedazo de la

vida.... Pero.... ¡Qué idea!—¿Queréis saber quién ha

pintado ese cuadro?—¡Pues lo ha pintado ese mismo muerto

que veis en él!

—¡Eh! Maestro.... ¡Vos[27-4] os burláis!

—No: yo me entiendo....

—Pero ¿cómo concebís que un difunto haya podido pintar

su agonía?

—¡Concibiendo que un vivo pueda adivinar o representar su

muerte!—Además, vosotros sabéis que profesar de veras[28-1] en

ciertas Órdenes religiosas es morir.

—¡Ah! ¿Creéis vos?...

—Creo que aquella mujer que está de cuerpo presente[28-2] en el

fondo del cuadro era el alma[28-3] y la vida de este fraile que agoniza

contra el suelo; creo que, cuando ella murió, él se creyó

también muerto, y murió efectivamente para el mundo; creo,

en fin, que esta obra, más que el último instante de su héroe o

de su autor (que indudablemente son una misma persona),

representa la profesión de un joven desengañado de alegrías

terrenales....

—¿De modo que puede vivir todavía?...

—¡Sí, señor, que puede[28-4] vivir! Y como la cosa tiene fecha,

tal vez su espíritu se habrá serenado[28-5] y hasta regocijado, y el

desconocido artista sea ahora un viejo muy gordo y muy

alegre....—Por todo lo cual ¡hay que buscarlo! Y, sobre

todo, necesitamos averiguar si llegó a pintar más

obras....—Seguidme.

Y así diciendo, Rubens se dirigió a un fraile que rezaba en

otra capilla y le preguntó con su desenfado habitual:

—¿Queréis decirle al Padre Prior que deseo hablarle de

parte del Rey?

El fraile, que era hombre de alguna edad, se levantó trabajosamente,

y respondió con voz humilde y quebrantada:

—¿Qué me queréis?—Yo soy el Prior.

—Perdonad, padre mío, que interrumpa vuestras oraciones

(replicó Rubens). ¿Pudierais decirme quién es el autor de

este cuadro?

—¿De ese cuadro? (exclamó el religioso.) ¿Qué pensaría

V. de mí si le contestase que no me acuerdo?

—¿Cómo? ¿Lo sabíais, y habéis podido olvidarlo?

—Sí, hijo mío, lo he olvidado completamente.

—Pues, padre ... (dijo Rubens en són de burla[29-1] procaz),

¡tenéis muy mala memoria!

El Prior volvió a arrodillarse sin hacerle caso.

—¡Vengo en nombre del Rey!—gritó el soberbio y mimado

flamenco.

—¿Qué más queréis, hermano mío?—murmuró el fraile,

levantando lentamente la cabeza.

—¡Compraros[29-2] este cuadro!

—Ese cuadro no se vende.

—Pues bien: decidme dónde encontraré a su autor....—Su

Majestad deseará conocerlo, y yo necesito abrazarlo, felicitarlo...,

demostrarle mi admiración y mi cariño....

—Todo eso es también irrealizable....—Su autor no está

ya en el mundo.

—¡Ha muerto!—exclamó Rubens con desesperación.

—¡El maestro decía bien! (pronunció uno de los jóvenes.)

Ese cuadro está pintado por un difunto....

—¡Ha muerto!... (repitió Rubens.) ¡Y nadie lo ha conocido!

¡Y se ha olvidado su nombre!—¡Su nombre, que

debió ser inmortal![29-3] ¡Su nombre, que hubiera eclipsado el

mío!—Sí; el mío..., padre.... (añadió el artista con

noble orgullo.) ¡Porque habéis de saber[29-4] que yo soy Pedro Pablo

Rubens!

A este nombre, glorioso en todo el universo, y que ningún

hombre consagrado a Dios desconocía ya, por ir unido[29-5] a cien

cuadros místicos, verdaderas maravillas del arte, el rostro pálido

del Prior se enrojeció súbitamente, y sus abatidos ojos se clavaron

en el semblante del extranjero con tanta veneración

como sorpresa.

—¡Ah! ¡Me conocíais! (exclamó Rubens con infantil satisfacción.)

¡Me alegro en el alma! ¡Así seréis menos fraile

conmigo!—Conque ... ¡vamos![29-6] ¿Me vendéis el cuadro?

—¡Pedís un imposible!—respondió el Prior.

—Pues bien: ¿sabéis de alguna otra obra de ese malogrado

genio? ¿No podréis recordar su nombre? ¿Queréis decirme

cuándo murió?

—Me habéis comprendido mal.... (replicó el fraile.)—Os

he dicho que el autor de esa pintura no pertenece al mundo;

pero esto no significa precisamente que haya muerto....

—¡Oh! ¡Vive! ¡vive! (exclamaron todos los pintores.)

¡Haced que lo conozcamos!

—¿Para qué? ¡El infeliz ha renunciado a todo lo de la

tierra! ¡Nada tiene que ver con los hombres!... ¡nada!...—Os

suplico, por tanto, que lo dejéis morir en paz.

—¡Oh! (dijo Rubens con exaltación.) ¡Eso no puede ser,

padre mío! Cuando Dios enciende en un alma[30-1] el fuego sagrado

del genio, no es para que esa alma se consuma en la soledad,

sino para que cumpla su misión sublime de iluminar el alma de

los demás hombres. ¡Nombradme el monasterio en que se oculta

el grande artista,[30-2] y yo iré a buscarlo y lo devolveré al siglo[30-3]

—¡Oh! ¡Cuánta gloria le espera!

—Pero ... ¿y si la rehusa?—preguntó el Prior tímidamente.

—Si la rehusa acudiré al Papa, con cuya amistad me honro,

y el Papa lo convencerá mejor que yo.

—¡El Papa!—exclamó el Prior.

—¡Sí, padre; el Papa!—repitió Rubens.

—¡Ved por lo que[30-4] no os diría el nombre de ese pintor

aunque lo recordase! ¡Ved por lo que no os diré a qué convento

se ha refugiado!

—Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo!

(respondió Rubens exasperado.)—Yo me encargo de que así

suceda.

—¡Oh! ¡No lo haréis! (exclamó el fraile.)—¡Haríais muy

mal, señor Rubens!—Llevaos[30-5] el cuadro si queréis; pero dejad

tranquilo al que descansa.—¡Os hablo en nombre de Dios!—

¡Sí! Yo he conocido, yo he amado, yo he consolado, yo he

redimido, yo he salvado de entre las olas de las pasiones y las desdichas,

náufrago y agonizante, a ese grande hombre, como vos

decis, a ese infortunado y ciego mortal, como yo le llamo; olvidado[31-1]

ayer de Dios y de sí mismo, hoy cercano a la suprema

felicidad!...—¡La gloria!...—¿Conocéis alguna mayor

que aquélla a que él aspira? ¿Con qué derecho queréis resucitar

en su alma los fuegos fatuos de las vanidades de la tierra,

cuando arde en su corazón la pira inextinguible de la caridad?—¿Creéis

que ese hombre, antes de dejar el mundo, antes de

renunciar a las riquezas, a la fama, al poder, a la juventud, al

amor, a todo lo que desvanece a las criaturas, no habrá sostenido

ruda batalla con su corazón? ¿No adivináis los desengaños y

amarguras que lo llevarían[31-2] al conocimiento de la mentira de

las cosas humanas?—Y ¿queréis volverlo a la pelea cuando ya

ha triunfado?

—Pero ¡eso es renunciar a la inmortalidad!—gritó Rubens.

—¡Eso es aspirar a ella!

—Y ¿con qué derecho os interponéis vos entre ese hombre

y el mundo?—¡Dejad que le hable, y él decidirá!

—Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un

maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago

en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!—Respetadlo...,

para bien de vuestra alma.

Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha

y se alejó a lo largo del templo.[31-3]

—Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer.

—¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la

anterior conversación había estado mirando alternativamente al

lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco

se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?

—¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!—exclamaron todos.

—Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años

que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía

razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo

retrato y obra de un religioso vivo.—Ahora bien: ¡Dios me

confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!

Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente,

veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando

los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.

—¡Él era..., sí!... (balbuceó el artista.)—¡Oh!...

Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese

hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!— ¡Dejémoslo

morir en paz!

Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había

sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo

honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2]

Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella

humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa

pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor.

Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.

En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo

había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad,

que salmodiaba el Oficio de difuntos....

Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre

Prior. —¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa

y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)—¡Ahora

es cuando más se parece a su obra!

Madrid, 1858.

 

 

26-1: Pedro Pablo Rubens: Peter Paul Rubens, the great Flemish painter (1577-1640). He
enjoyed much royal patronage, and consequently much of his work is now in the galleries of Spain and France.
26-2: Castilla la Nueva: the southern portion of the province of Castile, in central Spain, the
northern portion being called Castilla la Vieja.
26-3: de feísima capilla: una is understood before feísima.
26-4: al momento: instantly.
26-5: delante: in front (of himself).
26-6: Descendimiento: descent (from the cross).
26-7: que figuraba estar colgado: which was represented as being hung.
27-1: Velázquez, etc.: this list includes the greatest names in the history of Spanish painting.
They were all contemporaries, though Murillo (1618-1682) was considerably younger than the others.
27-2: tal maravilla: such a marvel. Observe the frequent omission of the indefinite article before
tal. Cf. note a otro, p. 10, 1, and also un tal García, p. 33, 4.
27-3: propio: personal.
27-4: Vos: you (singular). It is used nominatively and after prepositions, taking a verb in the
second person plural. It is more formal than tú and less so than usted.
28-1: de veras: cf. note con todas las veras, p. 4, 7.
28-2: está de cuerpo presente: is lying in state.
28-3: el alma: cf. note al ave, p. 25, 3.
28-4: que puede: que is redundant.
28-5: se habrá serenado: cf. note no habría andado, p. 8, 6.
29-1: en son de burla: by way of a jest. Cf. note haga són, p. 25, 5.
29-2: compraros: to buy of you. Cf. note tomado a este hombre, p. 4, 3.
29-3: inmortal: observe the variation from the English form, as in Spanish c and n are the
only consonants doubled. The Spanish equivalents of English words with initial imm are written inm.
29-4: habéis de saber: cf. note había de conocer, p. 3, 4.
29-5: por ir unido: because of its being associated.
29-6: ¡vamos!: cf. note vamos, p. 5, 11.
30-1: un alma: cf. note al ave, p. 25, 3.
30-2: el grande artista: the apocopated form gran, usual before initial consonants, is not
favored before vowels.
30-3: siglo: world (lit. cycle, century). Cf. English use of secular.
30-4: por lo que: a preposition that logically divides lo que is regularly prefixed.
30-5: Llevaos: observe the dropping of final d when os is suffixed.
31-1: olvidado: oblivious. A number of past participles are employed with the value of
present participial adjectives. Cf. divertido, amusing.
31-2: llevarían: must have brought. Cf. note no habría andado, p. 8, 6.
31-3: a lo largo del templo: (the length of the church) down one of the longitudinal aisles.
31-4: vámonos: observe the dropping of the final s of the first person plural when nos is suffixed.
31-5: ¡Calla!; What! A number of imperative verb-forms are used with the value of mere
interjections. Cf. note vamos, p. 5, 11.
32-1: Palacio: cf. note Palacio, p. 14, 7.
32-2: teniéndole a la mesa: inviting him to dinner.
32-3: se encontró con que: cf. note me encontré con que, p. 25, 4.